Shock séptico: los errores tempranos que siguen retrasando el tratamiento

Personal de salud evaluando a un paciente con posible shock séptico y signos tempranos de hipoperfusión

El paciente no llega diciendo: “estoy entrando en shock séptico”

Llega porque tiene una infección urinaria. Porque lleva dos días con fiebre. Porque la herida se empezó a poner fea. Porque desde ayer casi no ha comido.

Llega porque respira más rápido de lo normal. Porque hoy está más somnoliento. Porque la familia dice: “Doctor, no lo vemos igual.”

Y justamente ahí es donde suele empezar el retraso.

La mayoría de las muertes por sepsis no ocurren porque el tratamiento no exista. Ocurren porque el deterioro no se reconoce a tiempo.

Muchas personas imaginan que el shock séptico empieza cuando la presión arterial cae de forma espectacular. En realidad, para cuando eso sucede, el organismo puede llevar horas intentando compensar un problema mucho más profundo.

La pregunta importante no es:

¿Ya tiene la presión muy baja?

La pregunta correcta es:

¿Esta infección ya empezó a afectar el funcionamiento de sus órganos?

Ese cambio de enfoque puede marcar la diferencia entre recuperar a un paciente o llegar demasiado tarde.

Primero entendamos qué está pasando

La sepsis no es simplemente una infección grave.

Es mucho más que eso.

Una infección puede permanecer localizada y responder adecuadamente al tratamiento.

La sepsis aparece cuando la respuesta del organismo frente a esa infección deja de ser adecuada y comienza a dañar al propio paciente.

El problema ya no es únicamente la bacteria, el virus o el hongo.

El problema es que órganos como el cerebro, los pulmones, los riñones, el corazón y el sistema circulatorio empiezan a funcionar peor.

Eso es lo que llamamos disfunción orgánica.

Cuando además existe un deterioro importante de la circulación que impide llevar suficiente oxígeno y nutrientes a los tejidos, hablamos de shock séptico, una de las formas más graves de sepsis.

Las definiciones sirven para hablar el mismo idioma. La valoración clínica sirve para salvar vidas.

Las definiciones internacionales utilizan criterios clínicos y de laboratorio para clasificar estos pacientes, pero en la práctica hay algo todavía más importante: nunca debemos esperar a que el paciente cumpla todos los criterios formales para empezar a actuar.

Lo realmente peligroso no es la infección

La infección es el detonante.

Lo que pone en riesgo la vida es que los órganos dejan de recibir la perfusión que necesitan.

La perfusión es el flujo de sangre que lleva oxígeno y nutrientes a cada tejido del cuerpo.

Cuando comienza a fallar, el organismo intenta compensar.

  • El corazón late más rápido.
  • La respiración se acelera.
  • Se redistribuye la sangre hacia órganos vitales.
  • Las manos y los pies pueden sentirse fríos.
  • Disminuye la producción de orina.
  • El estado mental cambia.

Si el problema continúa, esa compensación deja de ser suficiente y aparecen lesiones cada vez más importantes.

Por eso decir que un paciente “solo tiene una infección” puede ser un error muy peligroso.

Error 1. Esperar a que la presión arterial se desplome

Es probablemente el error más frecuente.

Durante un tiempo, el organismo puede mantener una presión arterial aparentemente aceptable gracias a mecanismos de compensación.

Mientras eso ocurre, el paciente ya puede estar perfundiendo mal.

Algunas señales de alarma son:

  • Respiración acelerada.
  • Frecuencia cardiaca elevada.
  • Confusión o somnolencia.
  • Piel fría, pálida o con aspecto moteado.
  • Llenado capilar lento.
  • Disminución importante de la cantidad de orina.
  • Debilidad intensa.
  • Elevación del lactato.

La presión arterial sigue siendo un dato muy importante.

Pero nunca debe interpretarse de manera aislada.

Una presión “normal” no garantiza que los órganos estén recibiendo suficiente sangre.

Error 2. Confiar más en la apariencia que en el deterioro

Muchos pacientes todavía responden preguntas.

Todavía abren los ojos.

Todavía parecen relativamente estables.

Eso no significa que lo estén.

Lo verdaderamente importante es comparar cómo está el paciente ahora contra cómo estaba hace unas horas.

  • ¿Está más confundido?
  • ¿Respira mucho más rápido?
  • ¿Orina mucho menos?
  • ¿Cada vez participa menos en la conversación?
  • ¿La familia insiste en que “no lo siente igual”?

Estos cambios suelen aparecer antes que el colapso circulatorio.

Existen escalas que ayudan al personal de salud a identificar pacientes que empiezan a deteriorarse, pero ninguna sustituye la valoración clínica.

Las guías internacionales son claras: la sepsis es un diagnóstico clínico. Ninguna escala ni ningún estudio, por sí solos, pueden confirmarla o descartarla.

Error 3. Esperar estudios antes de empezar el tratamiento

Los cultivos son importantes.

La tomografía puede ser necesaria.

Los estudios de laboratorio ayudan muchísimo.

Pero ninguno de ellos debe retrasar el tratamiento de un paciente con sospecha de shock séptico.

Siempre que sea posible deben obtenerse muestras antes de iniciar los antibióticos.

Sin embargo, si hacerlo retrasa el tratamiento, la prioridad es tratar al paciente.

Los estudios ayudan a confirmar el diagnóstico. El tratamiento no debe esperar a que todos los resultados estén listos.

Las guías actuales recomiendan administrar antimicrobianos de forma inmediata cuando existe shock séptico y hacerlo lo antes posible una vez reconocida la sepsis.

Error 4. Creer que el lactato diagnostica sepsis

El lactato es una herramienta muy útil.

Pero no es la prueba para saber si alguien tiene sepsis.

Puede elevarse por muchas causas diferentes.

En una persona con infección, un lactato elevado nos hace pensar que existe un mayor riesgo de hipoperfusión y ayuda a valorar la respuesta al tratamiento.

Por eso las guías recomiendan medirlo de forma temprana y repetirlo cuando está elevado o el paciente presenta shock.

Sin embargo, el objetivo no es normalizar el lactato a cualquier precio.

El objetivo es recuperar una perfusión adecuada.

El lactato orienta. Nunca reemplaza el juicio clínico.

Error 5. Administrar líquidos sin reevaluar al paciente

Durante muchos años se interpretó que todos los pacientes con shock séptico debían recibir exactamente la misma cantidad de líquidos.

Hoy sabemos que no funciona así.

Las guías siguen recomendando iniciar una reanimación temprana con cristaloides intravenosos, habitualmente al menos 30 mL/kg durante las primeras tres horas en pacientes con hipoperfusión inducida por sepsis o shock séptico.

Pero también enfatizan que el tratamiento debe individualizarse.

No todos los pacientes responden igual.

Una persona joven y previamente sana puede tolerar grandes volúmenes.

En cambio, un paciente con insuficiencia cardiaca, enfermedad renal avanzada, cirrosis o edema pulmonar puede empeorar si seguimos administrando líquidos sin valorar continuamente su respuesta.

Cada bolo debe responder una pregunta muy sencilla:

¿Este paciente realmente necesita más volumen?

Después debe hacerse una nueva valoración clínica.

Los líquidos también son un medicamento. Tienen indicaciones, beneficios y complicaciones.

¿Qué solución intravenosa es la más recomendable?

Actualmente se prefieren los cristaloides como tratamiento inicial.

Cuando no existe una contraindicación específica, las soluciones balanceadas suelen ofrecer ventajas sobre la solución salina al 0.9 % durante la reanimación inicial.

Sin embargo, como ocurre con cualquier tratamiento, siempre debe individualizarse según las características del paciente.

Error 6. Retrasar la norepinefrina porque todavía no hay un catéter central

Este retraso sigue ocurriendo con demasiada frecuencia.

Cuando el paciente continúa con datos de mala perfusión a pesar de una reanimación adecuada o presenta inestabilidad importante desde el inicio, esperar únicamente para colocar un acceso venoso central puede significar perder tiempo valioso.

Las guías actuales apoyan iniciar la norepinefrina por una vena periférica adecuada y vigilada cuando eso permite comenzar antes el tratamiento.

El objetivo inicial suele ser mantener una presión arterial media suficiente para perfundir los órganos, ajustándola posteriormente a cada paciente.

Lo importante es recuperar la perfusión, no retrasar un tratamiento efectivo por un procedimiento que puede realizarse después.

Error 7. No mirar la perfusión periférica

No todo depende del monitor.

El cuerpo también habla.

  • Un llenado capilar prolongado.
  • Una piel fría.
  • Un moteado progresivo.
  • Un paciente que deja de orinar.
  • Un estado mental que empeora.

Todo eso aporta información inmediata sobre la perfusión.

Especialmente cuando el laboratorio todavía no está disponible, durante un traslado o en lugares con recursos limitados.

La tecnología ayuda.

La exploración clínica sigue siendo indispensable.

Error 8. Pensar que el antibiótico resuelve todo

Hay infecciones que nunca mejorarán solamente con antibióticos.

  • Un absceso necesita drenarse.
  • Una vía urinaria obstruida necesita descomprimirse.
  • Un catéter infectado puede requerir retirarse.
  • Una perforación intestinal necesita cirugía.

A esto lo llamamos control del foco.

Y es uno de los pilares del tratamiento.

Mientras la fuente de infección continúe presente, el paciente puede seguir deteriorándose aunque esté recibiendo el antibiótico correcto.

¿Cuándo una infección deja de ser “solo una infección”?

Esta parte es importante para cualquier persona, tenga o no formación en salud.

Busca atención médica urgente si una persona con una infección presenta uno o más de los siguientes cambios:

  • Está mucho más confundida o somnolienta.
  • Respira claramente más rápido de lo habitual.
  • Está extremadamente débil.
  • Deja de orinar o la cantidad de orina disminuye de forma importante.
  • Tiene manos o pies fríos con piel muy pálida o moteada.
  • Parece empeorar rápidamente.

Eso no significa necesariamente que tenga sepsis.

Pero sí significa que necesita valoración médica inmediata.

Esperar “a ver cómo amanece” puede ser un error muy costoso.

¿Qué debe hacer el personal de salud en el primer contacto?

Cuando existe sospecha de sepsis, la prioridad es identificar si ya existe disfunción orgánica y comenzar el tratamiento sin retrasos innecesarios.

Eso implica trabajar en varias líneas al mismo tiempo:

  • Valorar la vía aérea, la respiración y la circulación.
  • Identificar datos de hipoperfusión.
  • Solicitar lactato cuando esté disponible.
  • Obtener cultivos sin retrasar los antibióticos.
  • Iniciar antimicrobianos oportunamente.
  • Administrar líquidos con objetivos claros y reevaluación frecuente.
  • Iniciar vasopresores cuando estén indicados.
  • Buscar y controlar el foco de infección.
  • Reevaluar continuamente la respuesta clínica.

No son pasos estrictamente secuenciales. En los pacientes graves, muchas de estas acciones ocurren de manera simultánea.

Aquí entra HEART

En HEART insistimos en una idea que aplica para la sepsis, el trauma, el infarto, el evento vascular cerebral y prácticamente cualquier urgencia médica:

Primero hay que aprender a reconocer el deterioro.

El tratamiento más avanzado sirve de poco si el problema se identifica demasiado tarde.

La enfermera que nota que el paciente dejó de orinar.

El paramédico que identifica piel fría y respiración acelerada.

El médico que detecta una alteración del estado mental antes de que aparezca una hipotensión profunda.

Todos pueden cambiar el desenlace.

Por eso nuestros programas de capacitación no se enfocan únicamente en enseñar procedimientos.

Enseñan a observar, priorizar, tomar decisiones y trabajar en equipo cuando cada minuto cuenta.

Porque el shock séptico rara vez anuncia su llegada.

Hay que aprender a reconocerlo antes de que sea evidente para todos.

La idea que quiero que recuerdes

La mayoría de las personas cree que el shock séptico comienza cuando el paciente pierde la presión arterial.

En realidad, para entonces el proceso suele llevar tiempo evolucionando.

El verdadero reto es reconocer el momento en que la infección empieza a afectar la función de los órganos.

Ese es el instante en el que cada minuto cuenta.

Porque el objetivo no es solo tratar una infección.

Es evitar que el cerebro, los pulmones, los riñones y el resto del organismo dejen de recibir la perfusión que necesitan para seguir funcionando.

Cuando entendemos eso, dejamos de esperar a que el paciente “se vea muy grave” y empezamos a actuar cuando todavía podemos cambiar la historia.

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Reconocer un shock séptico antes de que el paciente se desplome requiere criterio, entrenamiento y capacidad de trabajar con prioridades.

HEART — No damos cursos. Preparamos personas listas para salvar vidas.

Referencias

  1. Prescott HC, Ostermann M, Vincent JL, et al. Surviving Sepsis Campaign: International Guidelines for Management of Sepsis and Septic Shock 2026. Intensive Care Med. 2026. doi:10.1007/s00134-026-08361-1.
  2. Singer M, Deutschman CS, Seymour CW, et al. The Third International Consensus Definitions for Sepsis and Septic Shock (Sepsis-3). JAMA. 2016;315(8):801-810. doi:10.1001/jama.2016.0287.
  3. Shankar-Hari M, Phillips GS, Levy ML, et al. Developing a New Definition and Assessing New Clinical Criteria for Septic Shock. JAMA. 2016;315(8):775-787. doi:10.1001/jama.2016.0289.
  4. Evans L, Rhodes A, Alhazzani W, et al. Surviving Sepsis Campaign: International Guidelines for Management of Sepsis and Septic Shock 2021. Intensive Care Med. 2021;47(11):1181-1247. doi:10.1007/s00134-021-06506-y.
  5. Hernández G, Ospina-Tascón GA, Damiani LP, et al. Effect of a Resuscitation Strategy Targeting Peripheral Perfusion Status vs Serum Lactate Levels on 28-Day Mortality Among Patients With Septic Shock: The ANDROMEDA-SHOCK Randomized Clinical Trial. JAMA. 2019;321(7):654-664. doi:10.1001/jama.2019.0071.
  6. Pan American Health Organization. Sepsis. Washington, DC: PAHO.
  7. Society of Critical Care Medicine. Surviving Sepsis Campaign: International Guidelines for Management of Sepsis and Septic Shock 2026. Mount Prospect, IL: SCCM; 2026.

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